Crema de champiñones y hierbas

Hay platos que no necesitan grandes ingredientes para funcionar. La crema de champiñones es uno de ellos. Con productos básicos y una preparación sencilla, se consigue un resultado equilibrado, reconfortante y lleno de matices.

 

Los champiñones aportan fibra, minerales y antioxidantes naturales, además de un sabor umami muy interesante, sabor que se potencia cuando se cocinan correctamente, dejando que evaporen su agua y se concentren sus jugos antes de añadir el caldo. Es una crema ligera si no nos pasamos con la nata, pero suficientemente saciante como para resolver una cena completa con un buen acompañamiento.

 

Prepararla en un recipiente de acero vitrificado permite mantener una temperatura estable desde el sofrito inicial hasta la cocción final, sin necesidad de trabajar con potencias altas. ¡Empezamos!

Comensales: 4 personas

Tiempo de preparación: 30–35 minutos

Dificultad: Fácil

Menaje utilizado: Olla de acero forjado vitrificado de la gama Alborán Vitrinor

Necesitas:

  • 500 g de champiñones frescos
  • 1 cebolla mediana
  • 1 diente de ajo
  • 750 ml de caldo de verduras
  • 100 ml de nata para cocinar (opcional)
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • Unas hojas de hierbas frescas (perejil, tomillo o romero suave)
  • Sal al gusto
  • Pimienta negra recién molida

¿Cómo se hace?

La base del sabor.

Pela y pica finamente la cebolla y el ajo. Calienta el aceite en la olla a potencia media y añade la cebolla con una pizca de sal. Cocínala despacio hasta que esté transparente y tierna. Este paso es importante: una cebolla bien sudada aporta dulzor natural y equilibra el sabor final sin necesidad de añadir nada más. Incorpora el ajo en el último minuto para que no se queme.

Champiñones bien trabajados.

Limpia los champiñones con un paño húmedo (evita sumergirlos en agua para que no la absorban) y córtalos en láminas o trozos. Añádelos a la cazuela y sube ligeramente el fuego al principio. Verás que sueltan bastante líquido, es normal. Déjalos cocinar hasta que el agua se reduzca y empiecen a concentrar su aroma. Aquí está uno de los secretos de la receta: si añades el caldo demasiado pronto, el sabor queda más plano.

Cocción suave.

Cuando los champiñones estén bien integrados con la cebolla, añade el caldo caliente. Cocina a fuego medio durante unos 15 minutos. No hace falta que hierva con fuerza; una cocción tranquila permite que el conjunto se asiente sin perder matices.

Textura a tu gusto.

Retira del fuego y tritura hasta obtener una crema fina. Si la quieres más ligera, añade un poco más de caldo caliente. Si prefieres una textura más cremosa, incorpora la nata y mezcla bien. También puedes reservar algunos trozos de champiñón salteado para añadirlos al final y dar contraste.

Ajuste final.

Rectifica de sal, añade pimienta recién molida y las hierbas picadas justo antes de servir. Incorporarlas al final mantiene su aroma fresco y evita que se apaguen durante la cocción.

Sugerencias y variaciones

  • Más ligera: omite la nata y añade una patata pequeña cocida junto a los champiñones para aportar cuerpo.
  • Más intensa: deja reducir un poco más el conjunto antes de triturar para concentrar sabor.
  • Con más profundidad: sustituye parte del caldo de verduras por caldo de pollo.
  • Toque especial: una pizca de nuez moscada o unas gotas de aceite de trufa pueden cambiar el perfil sin recargarlo.

Consejo de presentación

Sirve muy caliente, acompañada de pan tostado o picatostes caseros. También funciona muy bien con un chorrito de aceite de oliva virgen extra en crudo o con unas láminas finas de champiñón salteado por encima.

Ya tienes una receta sencilla, bien ejecutada, que siempre encuentra su sitio en la mesa.