Guía para ahorrar energía en la cocina

Pequeños gestos que notarán tu bolsillo… y tu planeta

El 21 de octubre se celebra el Día Mundial del Ahorro de Energía, y aunque suena a fecha muy oficial, la verdad es que nos viene bien para pararnos a pensar un momento. En la cocina pasamos un montón de tiempo y encendemos electrodomésticos a diario, así que cualquier pequeño truco que apliquemos se nota enseguida a final de mes. Y oye, reducir la factura de la luz o del gas sin renunciar a comer de maravilla siempre es una gran noticia.

Gastar menos no va de complicarse la vida ni de comer platos aburridos, sino de saber que podemos ahorrar energía en absolutamente todas las fases del cocinado. La eficiencia no empieza solo al encender el fuego: arranca en el momento de hacer la compra eligiendo productos de proximidad, continúa durante la preparación y la cocción, y termina en la limpieza del menaje. Vamos a repasar paso a paso esos gestos sencillos para cuidar de tu bolsillo desde que sales al supermercado hasta que fregamos la última sartén.

Planificación y compra inteligente

  • Apuesta por lo local y de temporada: elegir lo que da la tierra cerca de casa en cada época del año es un acierto rotundo. Los alimentos están en su punto perfecto de sabor, salen más económicos y nos ahorramos todo el gasto energético que supone traer fruta en avión desde la otra punta del mundo o mantenerla meses en cámaras frigoríficas. Además, apoyas al pequeño comercio de tu zona.
  • Planifica un poco el menú: encender el horno o la vitrocerámica para preparar varias cosas a la vez, aprovecha el calor acumulado y evita que tengas que poner los fuegos en marcha todos los días.
  • Vigila la cadena de frío: cuando vayas al supermercado, deja los congelados y refrigerados para el último momento. Así no pierden temperatura por el camino y la nevera no tiene que ponerse a trabajar al máximo al llegar a casa.

Almacenamiento y atemperado (antes de encender el fuego)

  • Saca la comida de la nevera con tiempo: sacar la carne, el pescado o las verduras unos 15 minutos antes de cocinarlos evita que la sartén pierda temperatura de golpe y tengas que subir el fuego a tope para recuperar calor.
  • Dale aire a tu frigorífico: colocar las cosas dejando un poco de espacio entre recipientes ayuda a que el aire frío circule bien y la nevera funcione sin forzar el motor.

La fase de cocción: el impacto del menaje

  • Elige bien el tamaño del fuego: poner una sartén pequeña en un fogón grande hace que se escape un montón de calor por los lados sin calentar nada.
  • Tapa las ollas: poner la tapa cuando vas a hervir agua o preparar un guiso retiene el vapor, acelera el proceso y ahorra bastante energía.
  • Aprovecha el calor residual: el acero vitrificado aguanta la temperatura estupendamente. Si apagas el fuego dos o tres minutos antes de terminar la receta, el plato se termina de hacer solo con el calor que ya tiene el menaje.

Conservación y gestión de sobras

  • Espera a que la comida se enfríe: meter un recipiente caliente en la nevera sube la temperatura interior y obliga al motor a consumir más energía para recuperar el frío. Conviene dejar que se temple en la encimera.
  • Descongela en la nevera: si pasas la comida del congelador al frigorífico el día antes, ese frío extra ayuda a enfriar el interior de la nevera de forma totalmente gratuita.

Limpieza y mantenimiento del menaje

  • Bases limpias por fuera: la grasa o los restos pegados en la base exterior del menaje hacen de pantalla y frenan el calor. Si la base está limpia, la sartén se calienta mucho antes.
  • Lavavajillas a tope: poner el lavavajillas solo cuando esté lleno y en programa ECO gasta mucha menos agua caliente y luz que lavar a mano con el grifo abierto.

Como ves, son detalles sencillos que se incorporan casi sin darte cuenta y que juntos, suman un importante ahorro de energía a lo largo del año. Te animamos a ponerlos en práctica hoy mismo y a darte una vuelta por nuestra sección de recetas para coger ideas ricas, fáciles y de temporada. ¡A disfrutar de la cocina!