Buñuelos de bacalao
Un bocado dorado y crujiente, muy fácil de hacer con tu cestillo.
Hay recetas que tienen sabor a tradición y siguen entrando igual de bien año tras año. Estos buñuelos de bacalao son un ejemplo: por fuera quedan dorados y ligeramente crujientes; por dentro, tiernos, sabrosos y con ese punto jugoso que invita a coger otro más “y ya lo dejo”.
Aunque es cierto que se trata de un bocado frito y energético, también tiene su lado interesante desde el punto de vista nutricional: el bacalao aporta proteínas de buena calidad y, si cuidamos bien la fritura, podemos aligerar un poco el resultado final. Ahí es donde el cestillo para freír se vuelve especialmente práctico: ayuda a controlar mejor la temperatura, permite sacar los buñuelos con más seguridad y facilita que escurran bien el aceite desde el primer momento. Si después los dejas unos segundos sobre papel de cocina, eliminas parte del exceso superficial y el resultado queda algo más ligero y mucho más agradable.
En estos días alrededor de la Semana Santa, esta receta es una forma estupenda de recuperar un clásico con todo el sabor de la cocina de casa.
Comensales: 4 personas
Tiempo de preparación: 30 minutos
Dificultad: Fácil, pero atentos a los detalles
Menaje: Cazo o cacerola con cestillo para freír
Necesitas:
- 200 g de bacalao desalado y desmigado
- 1 cucharadita de ajo molido
- 1 cucharadita de perejil fresco picado
- 1 huevo
- 140 g de harina de trigo
- 1 cucharada de levadura química
- 150 ml de agua
- Aceite de oliva suave para freír
- Sal al gusto, con mucha moderación
Cómo se hace
Hazte un favor: desala bien el bacalao antes de empezar
Si partes de bacalao salado, este paso es clave. Desálalo con tiempo, siempre en abundante agua y cambiándola varias veces, para que no arruine la receta con un exceso de sal. Lo ideal es hacerlo con paciencia, porque luego corregir unos buñuelos demasiado salados es prácticamente imposible. Y como el propio bacalao ya aporta sabor, conviene ser especialmente prudente al añadir sal a la masa: mejor quedarse corto al principio y ajustar solo si de verdad hace falta.
Prepara una masa homogénea y con buena textura
En un bol, bate el huevo y mézclalo con el ajo molido, el perejil picado y una pizca mínima de sal. Añade el agua, la harina y la levadura, y remueve bien hasta obtener una masa homogénea, sin grumos y ligeramente espesa. Incorpora después el bacalao desmigado y vuelve a mezclar para que quede bien repartido. La textura debe ser lo bastante consistente como para que puedas coger pequeñas porciones con la cuchara sin que se desparramen. Consejo extra: mete el bol en el refrigerador un rato para que la masa se enfríe y sea más fácil de manejar.
Fríe con comodidad y más control
Pon abundante aceite en un cazo o una cacerola con cestillo para freír y caliéntalo a temperatura media. Este tipo de fritura agradece no irse a fuegos extremos, así los buñuelos se doran bien por fuera sin quedarse crudos por dentro. Aquí el cestillo marca la diferencia: te permite trabajar con más comodidad, controlar mejor la fritura y retirar los buñuelos de una vez, con menos riesgo y menos maniobras incómodas. Además, al levantarlo, el aceite escurre enseguida sobre el propio recipiente.
Fríe por tandas y sin prisas
Con ayuda de una cuchara, ve dejando pequeñas porciones de masa en el aceite caliente. No hace falta que queden perfectas: al freírse irán tomando esa forma redondita e irregular tan propia de los buñuelos caseros. Hazlo por tandas, sin llenar demasiado el cestillo ni el recipiente, para que la temperatura del aceite no baje y la fritura sea uniforme.
Escurre bien para un resultado más ligero
Cuando estén dorados, levanta el cestillo y deja que escurran unos segundos. Después pásalos a un plato con papel de cocina absorbente. Ese doble escurrido ayuda a retirar el exceso de aceite de la superficie y deja unos buñuelos menos pesados, más agradables al comer y con una textura mucho mejor. Sírvelos recién hechos, todavía calientes, que es cuando están en su mejor momento.
Consejos para que salgan bien
- No te pases con la sal: entre el bacalao y el ajo, ya hay bastante sabor.
- Haz una prueba con un primer buñuelo para comprobar si la masa necesita ajustar textura o punto de sal.
- Fríe a temperatura media: si el aceite está demasiado fuerte se dorarán demasiado rápido por fuera.
- No hagas buñuelos muy grandes: mejor pequeños o medianos, para que se cocinen bien por dentro.
- Escúrrelos siempre dos veces, primero en el cestillo y luego sobre papel de cocina.
Variaciones que también funcionan
- Con cebolla muy picada, para aportar un punto más jugoso a la masa.
- Con un toque de limón rallado, que refresca el sabor y combina muy bien con el bacalao.
- Con perejil y cebollino, si te apetece un matiz más aromático.
- Con una pizca de cúrcuma o colorante, para darles un tono más dorado y apetecible.
- Acompañados de alioli suave o mayonesa de limón, si quieres servirlos como aperitivo.
Pocos bocados tienen tanta facilidad para desaparecer del plato. Así que ya sabes: prepara la masa, pon el aceite a punto y no te sorprendas si alguien empieza a rondar la cocina antes de tiempo. Con unos buenos buñuelos de bacalao, suele pasar.