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Cocina

lunes, 12 de febrero de 2024

Antes de nada, hablemos del desayuno.

Algunos se lo toman como un momento zen para empezar el día de forma suave y agradable mientras se escuchan las noticias o charlamos con la familia. Para otros, es un café en un vaso de cartón en el metro camino al trabajo. Hay quien apenas desayuna normalmente, pero cuando aterriza en el buffet de desayuno de un hotel arrasa con todo… Más allá de los gustos de cada cual y nuestras costumbres, el desayuno es una comida importante que se merece un mínimo de nuestra atención.


“Hasta que no desayuno, no soy persona”

Es una frase hecha, pero no le falta razón. El desayuno es la primera oportunidad que tenemos para alimentar nuestro cuerpo después de varias horas de ayuno durante la noche (ayuno, des-ayuno ¿lo pilláis?). Debe proporcionar los nutrientes y energía necesarios para activar nuestro metabolismo y mantenernos concentrados a lo largo del día. Además, diversos estudios han demostrado que las personas que desayunan regularmente tienden a tener un peso más saludable y mejores niveles de concentración a lo largo de toda la jornada.

¿Existe el desayuno ideal?

Sí, hay muchas opciones, siempre que se cumplan algunas premisas nutricionales. Ya hemos dicho que debe incluir una combinación de nutrientes que nos brinden energía sostenida y nos mantenengan saciados hasta la próxima comida. Para empezar, es fundamental incluir una fuente de carbohidratos complejos en nuestro desayuno, como cereales integrales, pan integral o avena. Combinar estos carbohidratos con proteínas magras, como huevos, yogur griego o tofu, nos ayudará a mantenernos saciados por más tiempo y a regular nuestros niveles de azúcar en sangre. Además, no debemos olvidar la importancia de las grasas saludables en nuestro desayuno, que pueden provenir de fuentes como aguacate, frutos secos o aceite de oliva. Por último, incorporar una porción de frutas o verduras a nuestro desayuno nos asegurará un aporte adicional de vitaminas, minerales y antioxidantes. Al seguir estas pautas y adaptarlas a nuestras preferencias individuales, podemos disfrutar de un desayuno delicioso y nutritivo que nos prepare para enfrentar el día con vitalidad y bienestar.

Hay sitio para algún capricho.

Más allá de los imperativos nutricionales, un buen desayuno debe ser apetecible. Recién levantados, el cuerpo se está despertando y no estamos para lidiar con comida que no nos gusta, por muy sana que sea. Lo suyo es empezar el día haciendo cosas que nos gusten, así que merece la pena buscar alimentos que, sin ser perjudiciales, nos hagan sentir bien, porque nuestro cuerpo los aceptará mejor. Incluso, si nos vamos a permitir algún capricho alimenticio, probablemente el desayuno sea el mejor momento para hacerlo, pensemos que tenemos todo el resto del día para quemar lo que hemos ingerido, y la satisfacción con la que salimos de casa también es salud.

Desayunos de aquí y de allí

Las tradiciones culinarias del desayuno varían enormemente de un país a otro, reflejando la diversidad cultural y los ingredientes disponibles en cada región. Desde los refinados desayunos franceses hasta los sabores exóticos de Asia, hay una amplia gama de opciones para explorar.

Empecemos por Francia, donde el desayuno es todo un arte. Los croissants recién horneados y el café con leche son un clásico francés que nunca pasa de moda. Aunque hay peculiaridades, en la región del Gers es tradicional empezar el día con una buena sopa de verduras (nutritiva y reconfortante, ¿por qué no?) En los países anglosajones el desayuno es mucho más contundente; ingleses y estadounidenses suelen comenzar su día con un desayuno abundante que incluye tocino, huevos revueltos y pancakes cubiertos de sirope de arce. En Inglaterra pueden formar parte del desayuno tradicional alimentos tan rotundos como las típicas “beans” con tomate o arenques ahumados. Está claro que en estos países el desayuno es con diferencia la comida más completa del día (de hecho, hay una frase maliciosa basada en la mala fama de la comida británica: “¿El secreto para comer bien en Inglaterra?: desayunar 3 veces al día”).

En México no se andan con chiquitas: las opciones van desde los tamales hasta los chilaquiles, elaborado con tortillas cortadas, fritas o tostadas cocinadas en una salsa normalmente picante, acompañadas de pollo, carne de res, carne enchilada, cecina, huevos, queso, frijoles… Vamos, una fiesta.

En Australia, el desayuno típico incluye Vegemite, una pasta de levadura de cerveza que al parecer tiene muchas cualidades. Están en las antípodas de lo que nos gusta por aquí.  

Asia nos ofrece desayunos sorprendentemente diversos. En Japón, el desayuno tradicional puede incluir arroz, pescado y sopa miso, mientras que, en China, es común disfrutar de dim sum, una variedad de bocadillos al vapor y dumplings rellenos. Por cierto, en algunas zonas les vuelven locos los churros, muy parecidos a los nuestros, y es una moda que se va extendiendo por el mundo.

En África, el desayuno varía mucho según la región. En Etiopía, por ejemplo, desayunan el injera, un pan plano y esponjoso hecho de teff, (una especie de súper cereal muy rico en minerales), a menudo acompañado de salsa de berbere y una variedad de guisos y verduras. En el norte de África, el tahine y el hummus que nosotros solemos tomar de entrantes, son una habitual fuente de energía para empezar el día.

Desayunos a la española

Aquí encontramos una amplia diversidad de desayunos regionales que podrían sorprender incluso a los propios españoles. En muchas zonas, especialmente en el norte, es común disfrutar de un pintxo de tortilla de patatas con un café con leche bien cargado. En Cataluña, el pa amb tomàquet, pan con tomate y aceite de oliva, es un clásico que se sirve con embutidos locales como el jamón ibérico o la butifarra.

Especialmente en Andalucía y Madrid, pero también en otros muchos sitios, el desayuno clásico, sobre todo los días festivos, incluye churros con chocolate calentito. Muchos andaluces empiezan el día con un mollete de pan con “zurrapa” de lomo, lomo en manteca o Jamón de la tierra. En la región de Murcia, es típico tomar un zarangollo, un revuelto de calabacín, cebolla y huevo, acompañado de pan recién horneado.

En las Islas Canarias, el desayuno puede incluir gofio, un producto elaborado a partir de cereales tostados, que se mezcla con leche o se añade a batidos de frutas para un impulso energético extra. Y en Galicia, las filloas son un manjar tradicional que se sirve con miel o mermelada.

A lo largo de los años, los hábitos de desayuno en España han ido evolucionando para adaptarse a las necesidades y preferencias cambiantes de la sociedad. Si bien antes era común disfrutar de un desayuno rápido y ligero, hoy en día hay una mayor conciencia sobre la importancia de una alimentación equilibrada y nutritiva desde el primer momento del día. Esto ha llevado a una mayor diversificación de opciones de desayuno, con un enfoque en alimentos frescos y saludables. En cada vez más tostadas españolas, el aguacate ha destronado a la mantequilla.

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